Los Benítez Tiburcio, el binomio fatal

 

Aunque se desmarque, a la actual diputada federal del PRI, MARIANA BENÍTEZ TIBURCIO, le cae una nueva loza encima, que se convierte en un obstáculo para sus aspiraciones desatadas para el Senado de la República el año próximo. Se trata de los señalamientos de diversos medios de comunicación de que la adquisición del programa “Pegasus”, de tecnología israelí para espiar criminales, con el mismo rasero que a periodistas y defensores de derechos humanos, se dio cuando JESÚS MURILLO KARAM, su guía y benefactor, era titular de la Procuraduría General de la República (PGR) y ella, BENÍTEZ TIBURCIO, la segunda de abordo.

Aparte de ello, el ascendiente familiar no ha dejado crecer en el ánimo de los oaxaqueños a la diputada priista. Y es que lleva arrastrando la mala imagen de su hermano, ALBERTO BENÍTEZ TIBURCIO, quien se desempeñó durante todo el gobierno de GABINO CUÉ, como Subsecretario de Planeación en la Secretaría de Finanzas, primero con GERARDO CAJIGA y, posteriormente, con ENRIQUE ARNAUD VIÑAS. El nombre del “hermano incómodo” vuelve a estar en la mira de las autoridades ahora que, derivado de las recientes reformas constitucionales y en el marco del Sistema Nacional Anticorrupción, por primera vez en el país, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en coordinación con la Auditoría Superior del Estado de Oaxaca (ASE), notificaron la orden de auditoría: “Distribución de las participaciones federales”, la cual tiene por objetivo fiscalizar que la distribución y ministración de las participaciones federales de la entidad federativa a sus municipios, se realizó de conformidad a lo establecido en la Ley de Coordinación Fiscal y demás disposiciones jurídicas aplicables.

Como se sabe, ALBERTO BENÍTEZ manejaba a su arbitrio, desde su posición privilegiada en la Secretaría de Finanzas, la información de las asignaciones de los municipios, no sólo de los Ramos 28 y 33, sino asimismo, de los “ajustes cuatrimestrales” que otorga la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Es más, se dice que su esposa, VIRIDIANA MANZANO, era socia de un despacho de asesoría a municipios. Es decir, estaba metido hasta el fondo en un vil conflicto de intereses.

Así pues, el hoy próspero constructor, BENÍTEZ TIBURCIO, se puede convertir no sólo en el peor obstáculo para las aspiraciones de la hermana, sino asimismo, en su cadalso. MARIANA ha sido señalada recientemente por autoridades del distrito de Zimatlán-Zaachila de “bajarles recursos”, a cambio de favorecer a las constructoras de la familia. Así las cosas. (JPA)

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