Inseguridad preocupante

POLÍTICA DE SUMA CERO

El asalto a una negociación ubicada en la Avenida Símbolos Patrios, por parte de una banda de maleantes, el sábado 16 de febrero, volvió a encender los ánimos entre empresarios y comerciantes, cada vez más a merced de la delincuencia. En este entorno hay que ver la ejecución en Tuxtepec, de quien fuera director de Transporte del ayuntamiento de dicha ciudad, CARLOS COBOS GAMBOA, que obligó al edil FERNANDO BAUTISTA DÁVILA y a su Cabildo, a dar una declaración de alerta. No se trata de hechos aislados sino de una realidad lacerante que enfrentamos los oaxaqueños: la inseguridad.

Los hechos se dieron justamente el fin de semana pasado, a escasos días de que el gobernador ALEJANDRO MURAT, acompañado del Fiscal General del Estado, RUBÉN VASCONCELOS MÉNDEZ; del titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSPO), JOSÉ RAYMUNDO TUÑÓN JÁUREGUI y del Secretario Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública, JOSÉ MANUEL VERA SALINAS, habían estado en la oficina del titular de la Secretario de Seguridad Pública del gobierno de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, ALFONSO DURAZO MONTAÑO. El propósito –se dijo- había sido intercambiar opiniones respecto a la inseguridad que enfrenta Oaxaca.

Sólo la semana pasada se contabilizaron entre ocho y diez ejecuciones, sobre todo en la Cuenca del Papaloapan: Tuxtepec y Loma Bonita, y los Valles Centrales. Sin embargo, a pesar de la crudeza y frialdad de los datos de homicidios dolosos, no se advierte ni siquiera de manera fingida, que los responsables tengan el mínimo propósito de cumplir con su encomienda. Es más, cada vez se recrudecen más los señalamientos a VERA SALINAS, de propiciar la inseguridad y los enfrentamientos entre los sindicatos del transporte, en el mismo tenor en que hace meses lo denunciara en una grabación telefónica, la dirigente del Sindicato Libertad, GUADALUPE DÍAZ PANTOJA.

Los hechos son inocultables. Las cifras de ejecuciones contrastan con aseguramientos esporádicos que hace la SSPO, como es el caso de un grupo de sicarios, algunos de ellos originarios de Nayarit y Michoacán, detenidos en Pochutla la semana pasada. Hechos como éstos son los menos. Los boletines oficiales siguen dando cuenta de personas aseguradas en el operativo del alcoholímetro o armas decomisadas. Nada que ver con la lacerante inseguridad que vivimos, en la que parece haberse tejido una peligrosa complicidad; una especie de la Ley de la Omertá o el silencio. (JPA)

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