EPN: Entre el infierno y la tragedia

RAÚL NATHÁN PÉREZ 

Mi solidaridad con nuestros hermanos istmeños,
en estos momentos de dolor y desgracia

1).- EPN y su “relación” con Oaxaca

En poco más un año el presidente Enrique Peña Nieto dejará el cargo. Se irá su casa como uno de los mandatarios más criticados de la historia política. Rindió apenas su V Informe. Y a preparar maletas y los libros blancos de su gestión. En la recta final vino a Oaxaca. Cuando ya está de salida. Hubo tres incursiones antes: una a Salina Cruz, casi a hurtadillas. Ofreció muchas cosas: la reconfiguración de la Refinería de PEMEX, el gasoducto Jaltipan-Salina Cruz y la construcción de naves para SEMAR en el Astillero. Sólo la última se ha cumplido. Vino otra vez, al arranque de un parque eólico en jurisdicción de Asunción Ixtaltepec. Y otra más a Huatulco, en esta administración. El comité de recepción fue el mismo cáncer social que fustiga a los oaxaqueños: la Sección 22. Cada que se anunciaba una visita, el Estado Mayor cancelaba. Los “pozoleros” de dicho cártel se han asumido los cancerberos ex officio del territorio oaxaqueño. Sólo AMLO puede entrar y salir a placer. Por eso ahí andan como perros falderos detrás de las “coordinaciones organizativas” de MORENA.

2).- El preciso y el mal fario oaxaqueño

La buena relación entre el gobierno federal y el estatal, terminó prácticamente con el gobierno de Diódoro Carrasco, en 1998. Ernesto Zedillo vino si acaso, una vez. Otra más en el primer año de José Murat. Con Vicente Fox fue una pésima relación. El de Ixtepec iba a protestar a la CDMX por el abandono de la Federación. Y los maestros de la Sección 22, entonces liderados por el desaparecido Alejandro Leal Díaz y Joaquín Echeverría Lara –bien maiceados- hacían sus desgarriates en la capital de la República. El gobierno federal se desentendió de Oaxaca. Es más, en 2006, en el gobierno de Ulises Ruiz, parte de la responsabilidad del desmadre hay que acuñársela a Fox. Quedamos a la deriva. Y si Ulises no cayó en ese ajuste de cuentas entre las mafias políticas, fue porque Felipe Calderón necesitaba el reconocimiento del tricolor para llegar a Los Pinos.

3).- Calderón y el fiasco de alternancia

Producto de una alianza de partidos -construida al calor de dos o tres drinks del presidente- Gabino Cué llegó a la gubernatura en diciembre de 2010. La alternancia era algo así como la apoteosis de la democracia. Al fin habría una buena coordinación con la Federación. Fue todo un circo, maroma y teatro. El 15 de febrero de 2011, en pleno arranque del “gobierno del cambio”, vino Calderón. Fue un festín de disturbios, madrazos, consignas. Golpes a la Policía Federal, incluso mujeres. Un Secretario de Seguridad Pública estatal, Marco Tulio López, tundido a patadas en el piso, por uno de los orates, que luego sería presidente municipal de San Francisco Ixhuatán: José Luis García Henestrosa. Los cómplices de la transición, es decir, el Cártel-22, le cobraron la factura a Cué. Felipe no hizo ni el intento de volver. Pero las cosas no mejoraron con la llegada de Peña Nieto. El magisterio se había convertido justamente en el cancerbero de Oaxaca, solapado por Gabino Cué.

4).- EPN/AMH, buenos amigos

Sin duda, la mano de Peña fue decisiva para la candidatura y triunfo de Alejandro Murat. Éste fue su colaborador cuando el primero fue gobernador del Estado de México. Y le rindió buenas cuentas, ya siendo presidente, como titular del INFONAVIT. Pese a ello, es evidente que Oaxaca sigue sin ser prioridad para EPN. Empero, un evento providencial hizo que en menos de 24 horas pisara dos veces territorio oaxaqueño: una, para inaugurar el evento del COMCE y el CCCO y percibir de lejos, el infierno que vivimos los oaxaqueños a diario, con ese cáncer social denominado Cártel-22 y adláteres y, otra, por la tragedia que se abatió sobre nosotros: el sismo de 8.2 grados, que devastó Juchitán y varias comunidades istmeñas, con más de 45 muertos.

5).- Ahora falta voluntad política

Al gobierno de AHM le tocó bailar con la más fea. Recibió una administración pública saqueada y una entidad devastada social, política y económicamente. El arranque de su gestión ha sido emblemático para Oaxaca. Lluvias y sismos apenas nos han dejado en pie. La red carretera fracturada, comunidades devastadas, falta de medicinas y sin los recursos para hacerles frente. Esperamos pues la voluntad política de EPN para la restauración, no los paliativos del higadito de la SEDESOL, Luis Enrique Miranda –principal promotor de la CNTE- o de José Calzada de la SAGARPA u otros. Nada ha resarcido la deuda histórica que José Murat, tres sexenios atrás, siempre demandó durante su gobierno. En el discurso oficial, puras aspirinas para una enfermedad oaxaqueña, congénita y devastadora, que ha traído la pobreza y la marginación; la ingobernabilidad y el chantaje y, sobre todo, un magisterio siempre insatisfecho y convenenciero.

 

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

 — Juchitán, decía alguien, es otro boleto. Hay un imán poderoso que atrae, no sólo por su cultura, las velas o la belleza de sus mujeres, sino porque ha sido un eterno luchador. No dudo que se levante muy pronto.

— Algo tenemos que hacer como sociedad civil para terminar de una vez por todas con los abusos y atropellos del Cártel-2 y sus vándalos. Twitter: @nathanoax. Consulte nuestra página: www.oaxpress.info y www.facebook.com/oaxpress.oficial

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