Elecciones y movimiento magisterial

Por Samael Hernández Ruiz.

En su reciente V congreso político, la Sección 22/ MDTEO, definió su postura ante las próximas elecciones en México y particularmente en Oaxaca.

No sorprende que la S22 haya definido su posición en relación con un tema de interés nacional e incluso haya acordado movilizarse en los términos de su definición: llamar al voto razonado a favor de un proyecto alternativo de nación y contra los partidos que firmaron el Pacto por México; lo que llama la atención es que la S22 no haya hecho lo mismo en temas igualmente cruciales para el país y para Oaxaca como los gasolinazos, el alza generalizada de los precios de los servicios públicos, la violencia creciente en el estado, la extorsión del crimen organizado a escuelas y maestros, los feminicidios, la política de creciente precarización del trabajo, el crecimiento de la pobreza extrema, y no haya convocado a sus bases a la resistencia civil o a la movilización como lo hace ahora.

Lo que muestra la reciente lucha de facciones al interior de la S22/MDTEO, no sólo es la incongruencia en el ejercicio de sus principios rectores, particularmente el VII, sino la incongruencia de la S22 como un movimiento social, es decir, como Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación de Oaxaca (MDTEO).

Por muchos años he señalado que la contradicción fundamental en el magisterio de Oaxaca se da entre sus términos de organización sindical y movimiento gremial, un movimiento gremial que tuvo alguna vez la pretensión de ser un movimiento social que incluso articulara a otras fuerzas y que tuvo su máxima expresión en el 2006, año en el que mostró claramente sus limitaciones.

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Hoy, ante todo lo que se juega en México con las próximas elecciones, la S22 no llama a la crítica y a la resistencia civil en contra de un sistema electoral corrupto y de una clase política que antes fue la “familia revolucionaria” y hoy es la “familia” a secas; por el contrario, con un juego timorato de palabras, llama a votar por MORENA. Votar por MORENA puede ser acertado, pero no la forma como se intenta impulsar ese voto: manipulando a los delegados en el marco de un supuesto congreso democrático.

Quienes impulsaron esas decisiones en el V congreso político de la S22, deben asumir la responsabilidad de explicarle a sus bases todo lo que eso implica. En primer lugar la aceptación de un sistema electoral corrupto; en segundo, la creencia de que con elecciones, en la situación en que nos encontramos, las cosas se solucionarán a favor de los trabajadores de la educación y de la población en general; tercero, que lo que tanto defienden los maestros, sus principios, no vale para los políticos, que entre otras cosas no tienen principios éticos de ningún tipo; cuarto, que ahora votarán por políticos que antes eran señalados como sus adversarios y que resulta que el charrismo sindical es un enemigo de clase que deja de serlo cuando se trata de temas electorales; quinto, que el Estado deja de ser un instrumento de la clase dominante cuando se vota por MORENA, o por el partido de su preferencia, tesis que no se ha cumplido en ninguna parte del mundo, aún tratándose de movimientos calificados como de izquierda.

En resumidas cuentas, el problema que aflora en la S22 con esto de las elecciones es la enorme dificultad que tienen, entre otras cosas, para definir una política de alianzas y una estrategia de acción congruente con su discurso; pero en el fondo lo que produce lo anterior es un movimiento sindical agotado, que no puede superar el proceso que lo tiene atrapado, porque es incapaz de verse y reformarse a sí mismo.

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