El comentario de hoy, miércoles 11 de abril de 2018

Una caravana humanitaria, conocida como “Viacrucis del Migrante”, despertó la ira del presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump. El resultado es ciertamente preocupante. Se enviaron cerca de 4 mil elementos de la Guardia Nacional a la franja que colinda con México, a lo que se le ha llamado, la militarización de la frontera.

La respuesta del gobierno de presidente Peña Nieto fue enérgica y conlleva un mensaje demoledor: rechazo a las amenazas a la dignidad y soberanía nacionales y la urgente unidad nacional. En mi particular opinión, más allá de las diferencias políticas, ideológicas o religiosas, el mensaje animó en todos nosotros el orgullo y la identidad mexicana. Dicho mensaje recogió con claridad la postura de los aspirantes a la presidencia de México. Todas coincidentes.

El sentimiento anti-mexicano mostrado desde el arribo del presidente norteamericano; su obsesión por el muro fronterizo y su persistencia en cuestionar el marco legal de su país, en temas como la migración, representa no sólo una seria amenaza para México, sino para la propia estabilidad interna de los Estados Unidos, cuyo gabinete ha ido dando tumbos, entre ocurrencias, desavenencias y torpezas.

La relación México-Estados Unidos, al menos desde mediados del Siglo XIX, ha sido un memorial de agravios. La historia recoge pasajes en realidad humillantes, como la anexión de Texas, Arizona y Nuevo México, que bien recoge Glenn Price en su obra: “Los orígenes de la Guerra con México”. La particular xenofobia con la que nos han visto los gringos, se puede plasmar en las pocas palabras que se le acuñaron a aquel viajero y luego diplomático, Joel R. Poinsett: Te odio México.

Existe pues un sentimiento anti-mexicano, exacerbado con los new-polks, que de sangre mexicana se han vuelto nuestros principales enemigos. Se les llama así en recuerdo de otro enemigo exacerbado de México, el presidente James Knox Polk, quien instrumentó la guerra con México. Pero hay otros hechos de agresión a nuestra soberanía: La invasión a Veracruz en 1914, ordenada por el presidente Woodrow Wilson o la Expedición Punitiva, que llevó a cabo el general John Pershing, en 1916, para capturar a Pancho Villa, luego del ataque de éste a Columbus.

Nuestra vecindad siempre ha sido un riesgo. Hemos sido objeto de humillaciones y amagos. Vecinos distantes en la visión de Alan Riding, con una frontera de más de 3 mil kilómetros. Pero sobre todo en los últimos años se nos ha visto bajo el prisma de ser una amenaza a la “pax americana” y al Destino Manifiesto. No sólo por los flujos de migrantes sino de droga, hacia el mercado más grande de consumidores y de traficantes de armas. Sin embargo, su gobierno sólo ha visto hoy, la paja en el ojo ajeno. (JPA?

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