El comentario de hoy, martes 8 de enero 2018

La violencia sea de donde provenga, siempre será contraria a todo principio humanitario. La violencia política es aún más abominable, pues trastoca los principios elementales de la democracia participativa, la tolerancia y la convivencia civilizada. El homicidio del ex presidente municipal de Tlaxiaco, Alejandro Aparicio; de quien fuera Síndico Municipal, Perfecto Hernández y quien en un principio se dijo que era dirigente de MORENA en la Costa, Cutberto Porcayo, desmentido por la dirigente nacional dicho instituto, deben ser investigados a fondo por las autoridades, para develar los móviles y castigar a los responsables.

Si bien es cierto que se trata de hechos desafortunados, hay que reconocer que en la mayor parte de relevos en los gobiernos municipales la transición se dio en paz. La atomizada nomenclatura de 570 municipios regidos, los menos por el sistema de partidos políticos y los más por sistemas normativos internos, es decir, por usos y costumbres, siempre ha sido un dolor de cabeza para las autoridades, ante la polarización y diferencias políticas que existen entre las mismas comunidades. Un ejemplo de ello son los pueblos huaves, como San Dionisio o San Mateo del Mar.

El viernes pasado, vecinos de Santo Domingo Yojovi, retuvieron al presidente municipal de San Andrés Solaga, como medida de presión para que le incremente los recursos destinados a dicha población. La lucha pues, no sólo se da en el ámbito de la competencia política al interior de los municipios, sino también entre éstos y sus agencias. En otros, como Santiago Tamazola, distrito de Silacayoapan, las mujeres que fueron electas, simplemente declinaron para favorecer a su pariente, que ya había sido presidente municipal. Es decir, la famosa y cacareada equidad de género se fue a la basura en minutos.

En la capital oaxaqueña, la prueba de fuego para el nuevo presidente municipal, Oswaldo García Jarquín, fue la terquedad del comercio en la vía pública para instalarse en el Paseo Juárez “El Llano”, acicateados por sus dirigentes que insisten en hacer de las calles su particular negocio. Un cambio de administración es motivo suficiente para trastocar acuerdos del pasado y volver a las andadas. Por fortuna hubo acuerdos, esperemos que sean permanentes.

Oaxaca pues, no obstante los buenos oficios de los responsables de conducir la política interna, sigue como un vertedero de conflictos. Más en la pulverizada estructura municipal. Los conflictos postelectorales prevalecen por encima de todo principio de legalidad. Y es que hay algo que siempre pende sobre la cabeza de las autoridades y la sociedad. Y es la manera tan superficial en la que se percibe la simple y llana aplicación de la ley. (JPA)

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