El comentario de hoy, martes 6 de noviembre 2018

La consulta popular para saber el destino del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), fue la nota de la semana anterior. De hecho siguen los resabios con mayor fuerza. Su repercusión en los medios de comunicación, en los mercados financieros, la crítica y la bulla –dijera el presidente electo, con ironía- ha sido algo nunca visto en el país. En efecto, vivimos una etapa inédita en el país: la de una borrachera democrática que hace parecer que tenemos un gobierno dual: el que está en funciones y el que es electo, pero pretende traslaparse fuera de la ley, con el primero.

Más de un millón de mexicanos votaron en la famosa consulta. Muchos miles que ni siquiera han viajado en avión. Menos expertos en aeronáutica, mucho menos, en asuntos financieros o en temas de normatividad en obra pública. Parafraseando a Polibio, un columnista del diario Excélsior, desenterró el término oclocracia: la decisión de las multitudes delirantes, ignorantes, manipuladas.

Sin menoscabo de aquello que la voluntad popular decidió el primero de julio, en el país se está creando un ambiente de tensión, incertidumbre, inseguridad. Un perfil de doble discurso y doble moral, minimizado por aquellos que queman incienso y atizan loas. Por quienes no despiertan aún de la resaca del triunfo de MORENA; que anticipan el fin de la historia, de la corrupción y de las instituciones.

Más preocupante es el tema educativo, tomado a la ligera. Un presunto pacto con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación –la CNTE- para la abrogación de la Reforma Educativa y la evaluación –punitiva dicen los que quieren seguir con sus privilegios- sin tener aún un instrumento que apunte a mejorar la calidad de la educación. Un doble juego: por un lado afianzar a la disidencia y, por la otra, darle cuerda a lo peor del charrismo sindical: Elba Esther Gordillo.

El gobierno electo –que no en funciones- se ha tomado a priori atribuciones que constitucionalmente no le competen y perfilan ribetes de autoritarismo. La descalificación a los medios de comunicación, apunta a una velada censura. ¿Alguien medianamente cuerdo puede gobernar en el mundo actual sin la cobertura mediática? Lo dudo. Tal vez Maduro en Venezuela o Jair Bolsonaro, el ultraderechista que ganó las elecciones en Brasil.

En el ámbito legislativo, ya tuvimos una prueba del comportamiento de nuestros diputados y diputadas federales. Faltistas e impuntuales; hurracas y jilguerillos lanzándose en contra de la Reforma Educativa. Por un lado argumentando austeridad; por otro, autorizándose jugoso aguinaldo. No hay de qué sorprenderse. Los grandes imperios cayeron por sus excesos. La mesura, la prudencia y el decoro son los mejores instrumentos de sobrevivencia. (JPA)

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