El comentario de hoy, martes 4 de diciembre 2018

El sábado pasado, tal como lo dispone la Constitución, inició el nuevo gobierno, llamado también de la “Cuarta Transformación”. Arrancó con un nuevo enfoque y visión de la situación del país. Sin embargo, hay que subrayar que el nuevo presidente recibe un país devastado por la inseguridad, la corrupción, el dispendio y la pobreza.

Si bien es cierto que la economía se ha mantenido a flote, ello no es pretexto para justificar los grandes contrastes y la ampliación del compás entre ricos y pobres. Tampoco soslayar el fracaso de los programas sociales destinados a combatir la pobreza y el hambre. Y sobre todo la inseguridad, que sigue su carrera mortal en todo el país y particularmente en Oaxaca, con una estadística creciente de homicidios dolosos.

La tarea que tiene enfrente el nuevo gobierno de la República pues, no es sencilla. Y no se trata sólo de echar la cinta atrás culpando de todo al pasado y a la llamada “mafia del poder”, sino de ver hacia delante y hacer realidad las expectativas que contribuyeron al bono democrático con el que llega la nueva administración. Ni repúblicas amorosas ni constituciones morales. Hay que establecer el nuevo andamiaje del Estado de Derecho, tan vulnerado por la delincuencia.

Si como mucho se ha dicho en los círculos oficiales, el presidente López Obrador tiene una inclinación especial por Oaxaca, ojalá que ello se traduzca en más inversión federal y en cumplir con los anhelos de la ciudadanía, que ha visto pasar los últimos sexenios con escepticismo y con desesperanza. Ya no queremos promesas falsas ni esperanzas fallidas. Si aquí fue uno de los bastiones del triunfo, ojalá que en reciprocidad se devuelva algo a los oaxaqueños, sobre todo a los más necesitados y pobres.

Existe confianza en que la Federación cubra en parte el adeudo que desde hace años arrastra con nuestra entidad. Ese adeudo histórico que no ha sido cubierto, pese a la gran contribución de Oaxaca a la historia de este país. Ya no queremos ser el “patito feo”, la entidad a la que nadie quiere voltear a ver, sino ser parte de ese país pujante que quiere dejar atrás el lastre del subdesarrollo y el atraso.

Esperemos pues que con el nuevo gobierno le vaya bien a México y en consecuencia a Oaxaca. Que exista una buen coordinación entre ambos órdenes, gobierno federal/gobierno estatal, y que ese optimismo de la “Cuarta Transformación”, salpique un poco a los oaxaqueños, que nos vemos cada vez en el espejo del atraso y el rezago. (JPA)

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