El comentario de hoy, martes 3 de septiembre de 2019

El pasado domingo fue el Primer Informe del presidente Andrés Manuel López Obrador. Un recuento de nueve meses de gobierno. Dos rubros particularmente han llamado la atención de la opinión pública. Pero hay muchos más. Por un lado el nivel inaudito de violencia en el país y, por otro, el nulo crecimiento económico de México. En el recuento de daños, como en los viejos tiempos, sigue presente el hondo abismo entre la verdad oficial y la creencia ciudadana, lo que en el gobierno de la Cuarta Transformación llaman “el pueblo”.

La violencia prohijada por grupos criminales ha derivado ya en terrorismo. No se trata de llamarlos a portarse bien, sino de aplicar la ley. El crimen permea hoy todo el país. Oaxaca no es la excepción. Todo ello bajo un esquema de propósitos e inconmovible optimismo. Modificar la Constitución; nada de intrigas personalistas ni mensaje de descrédito de la “mafia del poder”, sino la omnipresencia del hombre y su programa. Y por supuesto el pueblo, todo el pueblo, incluyéndome a mí –como decía Don Daniel Cosío Villegas-, está con el régimen en turno, tanto así que se niega a oír, ver y palpar, la realidad lacerante bajo la cual vive.

Este período, que no ha completado ni siquiera un año, ha sido ciertamente largo. Desaparecieron las estancias infantiles y el Seguro Popular, que está en vías; hay crisis en el suministro de medicinas; disparidad en el otorgamiento de apoyos económicos, nadie se explica que un adolescente que ni estudia ni trabaja tenga un apoyo mayor que un profesionista en servicio social. Han desaparecido programas asistencialistas de antaño y muchas promesas de campaña –la mayoría- no se han cumplido.

Algo preocupante es la visión de la educación bajo el prisma del radicalismo de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación –la CNTE- y no bajo el esquema del mejoramiento de la calidad, que coadyuve a formar mexicanos más capaces. Está asimismo, la visión simplista respecto a organismos autónomos como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos o el Instituto Nación de Acceso a la Información (INAI), cuya política es –de ello no hay duda- desaparecerlos. Por fortuna, los oaxaqueños habremos de festinar que al menos en la perspectiva del gobierno federal, como nunca antes, Oaxaca está hoy en día en las prioridades nacionales. Jamás un presidente había realizado ocho giras en tan breve tiempo. Con todos sus tropiezos, con todos sus altibajos, también tenemos que reconocer que el nuevo gobierno ha despertado en nosotros expectativas inusuales. Sólo esperamos que dichas promesas y proyectos se cumplan. (JPA)

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