El comentario de hoy, martes 3 de marzo 2020

Justo cuando se extiende la pandemia del coronavirus o Covid-19, del que hasta el domingo se habían detectado cinco casos en el país, México sigue arrastrando una severa crisis sanitaria. Desabasto de medicinas, vacunas y algo que hasta el mexicano más modesto ha deplorado: el golpe en contra de los Institutos Nacionales de Cardiología, Cancerología, Pediatría y Nutrición, entre otros, verdaderos templos del conocimiento médico, reconocidos a nivel mundial.

Desde que el mal fue detectado y se tomaron algunas medidas necesarias en aeropuertos, para evitar los contagios, se han escuchado versiones oficiales por demás disparatadas, como la que dice que estamos preparados para enfrentar el mal. La lógica enseña que si el gobierno no ha sido capaz de suministrarles sus medicamente a niños enfermos con cáncer, si los institutos referidos carecen del material médico más elemental, con el cual los especialistas cumplan con su trabajo, obvio que estamos lejos de hacer frente a la citada pandemia.

En Oaxaca, el año pasado tuvimos que lamentar fallecimientos por dengue clásico y hemorrágico. Hay en la entidad aún, casos de tuberculosis y lepra, males que se creían superados desde hace décadas. Ciertamente, en los últimos meses, se han notado avances importantes en el suministro de medicinas. Pero aún hay rezago y carencias en materia de salud, por lo que más que echar las campanas al vuelo de que estamos listos si hubiera casos de coronavirus –esperamos que no- habrá que reforzar las medidas de prevención.

En 2009, Oaxaca estuvo en el escenario médico mundial, luego de que, en una paciente internada en un hospital local, mutara el virus del H1N1. El pánico hizo asumir medidas extremas en algunos países, como el sacrificio de cerdos, especie a la que se atribuía el mal. Los institutos de investigación en el área médica, se apresuraron a crear la vacuna para esta enfermedad, lo que no se ha dado hoy. El Covid-19 o coronavirus se ha extendido en decenas de países del mundo, con una grave carga mortal. El mensaje oficial –es mi modesta opinión- debe ser claro, preciso y apegado a la realidad. Ni magnificar las cosas para no crear pánico ni tampoco estimular el afán triunfalista. Resulta un agravio a la inteligencia de la ciudadanía decir que “estamos preparados”, cuando se ha sido incapaz de atender a los enfermos, que quedaron huérfanos de atención médica, luego de la aberrante desaparición del Seguro Popular. La medida fue directa contra los más pobres. He ahí, la cruel paradoja. (JPA)

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