El comentario de hoy, martes 22 de enero 2019

Sin duda alguna, la situación de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca –la UABJO, nuestra Alma Mater local-hoy en día, no es precisamente la de una institución académica, forjadora de profesionistas e investigadores, sino un vertedero de conflictos políticos, laborales y ajustes de cuentas entre sindicatos, grupos porriles y caciques.

Durante toda la semana anterior la ciudadanía capitalina estuvo a merced de marchas, bloqueos y hasta intentos de remembranza del 2006 de parte del Sindicato de Trabajadores y Empleados –el STEUABJO-. El propósito insano no ha sido exigir el cumplimiento de demandas de tipo económico o laboral. No. El objetivo ha sido fregar a la ciudadanía a través de métodos de chantaje, que la sociedad civil abomina.

Un conflicto laboral y particular, como es la exigencia de ciertas demandas de uno de los sindicatos que exprimen a la Universidad, se convirtió en un mal público; un perjuicio colectivo; una afrenta a los derechos civiles. Ahora le correspondió al STEUABJO, mañana pasado serán las fracciones en las que está pulverizado el STAUO, o SUMA o SECUABJO o STAUABJO. La atomización sindical que amaga a cada momento la vida académica de más de 25 mil alumnos con amenaza de paros o huelgas; toma de edificios o bloqueos, es sencillamente infame.

Algunos medios de comunicación han dado cuenta de que al menos 10 universidades públicas del país arrastran serios problemas financieros, entre ellas la UABJO. Que los rectores de dichas instituciones han tocado puertas con diputado locales, federales y autoridades, para obtener un mayor subsidio. Hay instituciones que están en quiebra prácticamente, incapaces de hacer frente a los compromisos laborales, como es el pago de pensiones.

Mientras algunas instituciones como la UNAM han anunciado medidas de austeridad severas, aquí a los sindicatos lo único que les interesa es exprimir más el magro presupuesto universitario. Es decir, presionar a las autoridades universitarias, trastocando la paz social, de manera que sea el gobierno estatal quien resuelva el conflicto.

Ése es el meollo de los bloqueos a vialidades; la quema de llantas y otros excesos. El camino del chantaje no está lleno precisamente de abrojos y obstáculos, sino de vividores y oportunistas que, ante la ausencia de medidas de fuerza para meter orden y garantizar el Estado de Derecho, vuelcan su frustración haciendo víctima a la sociedad inerme. A lo mejor el gobierno no lo entiende, pero los oaxaqueños estamos hartos de chantaje y de impunidad con aquellos que, sin recato alguno y por quítame estas pajas, cierran cruceros o carreteras. (JPA)

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