El comentario de hoy, martes 18 de diciembre 2018

A escasos diecisiete días de haber tomado posesión el nuevo gobierno, hemos visto cuestiones inéditas. Y en Oaxaca no nos quedamos atrás. Tal parece que se han perdido las formas tradicionales de convivencia, dando lugar a la confrontación y la cerrazón. Ejemplo de ello han sido las comparecencias de los funcionarios del gabinete estatal, ante las comisiones del Congreso Local, en el marco de la Glosa del II Informe de Gobierno.

Aunque algunos lo atribuyen a la novatez, otros lo califican de ignorancia supina en el quehacer legislativo; la falta de capacitación y de formación política. Un presidente de la Mesa Directiva que con palabras soeces descalifica al Secretario de Finanzas, asumiendo la postura no de un representante popular, que cumple un papel clave en el equilibrio político del Congreso, sino de un vulgar carretonero. Arropados por una mayoría fracturada, se han asumido en una especie de Inquisición.

La crítica no es precisamente descalificación. Pero aquí se ha privilegiado la segunda. El funcionario, motivo de la comparecencia, debe o debió acompañarse de datos, cifras, pelos y señales, como mecanismo de defensa ante los cuestionamientos. Éstos deben ser en torno al contenido del informe no de situaciones personales, filias o fobias políticas e ideológicas.

Estamos pues ante escenarios de censura, de posturas ominosas de quien no sabe escuchar, de quienes descalifican por sistema. Al Secretario General de Gobierno no se le dejó explicar la cuestión de la gobernabilidad y la problemática estatal, antes de que le cayera encima una jauría, con cuestionamientos y denuestos. La madurez, la civilidad y la cordura se fueron al carajo.

No se trata de asumir la defensa oficiosa de los aludidos. No. Lo que está en tela de juicio es la actitud veleidosa y banal de quienes, se presume, son los representantes, cuyo poder o autoridad emana del mandato popular. Esa premisa es a menudo soslayada. Hoy por asuntos pecuniarios, mañana porque siendo diputados y diputadas, no se asumen como tales, sino como activistas de un determinado partido político o corriente ideológica.

Lo que se ha observado aquí es que hay resabios que impiden legislar con madurez y consistencia. Se exhibe encono, ignorancia, un deseo insano por descalificar al de enfrente. Se pierde de vista que lo que México y Oaxaca necesitan es la unidad de todos para sacar al país y al estado adelante, no un perpetuo ajuste de cuentas que sólo nos lleva a mayor confrontación.

Sabemos que no podemos pedirle peras al olmo. Pero de seguir así, no faltarán oportunistas que crean que destruyéndonos entre sí, lograrán sus aviesos propósitos de poder y dominio. (JPA)

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