El comentario de hoy, martes 12 de junio de 2018

El Día Internacional de la Libertad de Prensa se celebra el 3 de mayo. Sin embargo, en México, durante los años de hegemonía priista se estableció el 7 de junio, como el Día de la Libertad de Expresión. Eran aquellos tiempos cuando el gobierno federal entregaba el Premio Nacional de Periodismo, a aquellos columnistas, reporteros y editores que hacían apología de la obra de gobierno. Es decir, eran los tiempos del besamanos y las fanfarrias en la Secretaría de Gobernación.

En este año, sin embargo, estoy convencido de que no hubo nada qué celebrar, salvo nuestra particular efeméride. México –y Oaxaca no se queda atrás- ha reivindicado su papel, como uno de los países más peligrosos para ejercer este oficio. En efecto, sin ser un país en guerra, la libertad de expresión es silenciada a menudo por las balas criminales y los asesinatos cobardes.

He aquí los nombres de los siete compañeros y compañeras que en lo que va del año han sido asesinados. El 13 de enero fue asesinado en Tamaulipas, Carlos Domínguez; el 5 de febrero en Guerrero, cayó bajo la agresión criminal, Pamela Montenegro del Real; el 21 de marzo en Veracruz, perdió la vida Leobardo Vásquez Atzin y el 15 de mayo en Tabasco, Juan Carlos Huerta fue acribillado afuera de su domicilio.

El 21 de mayo, Alicia Díaz González, de 52 años de edad, reportera y ex colaboradora de “Reforma” y corresponsal de “El Financiero”, fue asesinada a golpes y puñaladas en su domicilio de Monterrey, Nuevo León. El 29 de ese mismo mes, fue encontrado el cadáver de Héctor González Antonio, corresponsal del diario “Excélsior” en Tamaulipas, quien fue asimismo, según los estudios periciales, asesinado a golpes. Y el remate fue doloroso para quienes militamos en los medios locales: María del Sol Cruz Jarquín, joven reportera gráfica, fue asesinada por un comando armado en Juchitán de Zaragoza, la madrugada del 2 de junio.

México ha sido considerado por algunos organismos internacionales no gubernamentales, como la Sociedad Interamericana de Prensa –la SIP-; la World Association of Newspapers –la WAN- y otros como Artículo 19 o Reporteros sin Fronteras, como uno de los países en donde la violencia y la muerte se han cebado sobre el periodismo. Lo más indignante es que en este mapa de inseguridad que vive el país, los crímenes en contra de nuestros compañeros sólo forman parte de estadísticas, pues los responsables intelectuales y materiales jamás rinden cuentas ante la justicia. Es la impunidad lo que más ofende a un gremio, cuya libertad es silenciada a menudo, con el lenguaje de las balas y la muerte. (JPA)

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