El comentario de hoy, jueves 9 de enero 2020

Estamos ya en EL 2020. Hemos iniciado otro peregrinar; un nuevo periplo. Cada año que inicia es un amasijo de buenos propósitos, de deseos y anhelos. En 2019, ciertamente no fue el mejor año para los oaxaqueños. Según el ejecutómetro, que es una especie de medición de los homicidios dolosos, que lleva un importante diario de la capital del país, nos ubicamos en el número 15 de la lista a nivel nacional, con arriba de 400 casos, superando a estados como Zacatecas, Estado de México, Puebla, Tabasco y Tamaulipas.  

Diciembre fue un mes de violencia exacerbada. Y hay que decirlo. El día 20 hubo diez homicidios dolosos en menos de 24 horas y el 30, al menos once. La seguridad sigue siendo un Talón de Aquiles, aunque hay que reconocerlo, las autoridades estatales no lo ven así. Desde las altas esferas del poder público, tal parece que, como sugería el genial Quevedo, las cosas se ven bajo otro cristal.

En comentario anterior reconocimos que la inseguridad es un problema nacional, es cierto, pero en la medida en que las autoridades locales atiendan el problema, dicho rubro no crecerá. Sin embargo, no es lo único que ha lacerado a los oaxaqueños. Monitor Vikingo, un portal de reporte diario y puntual de protección civil en el Istmo, informa de 222 bloqueos carreteros durante 2019. Marzo, septiembre y octubre se llevaron las palmas con 31, 35 y 34 bloqueos, respectivamente. Además de 3 ferroviarios. En la capital se contabilizaron 138 bloqueos, 79 marchas y 100 mítines.

Aunque parezca muy recurrente en estos temas, debo decir que seguridad y gobernabilidad van de la mano. No se puede cifrar el desarrollo y el progreso de una entidad, cuando existe tal relajamiento en el cumplimiento de la ley o apatía oficial para entrarle al toro por los cuernos. No es ocioso señalar que un serio desafío para esta administración es garantizar la paz social, el orden y la seguridad. Los responsables de las áreas correspondientes deben dejar atrás los discursos triunfalistas y responder a la confianza que en ellos ha depositado el ejecutivo. Cualquier proyecto, por ambicioso y factible que sea, debe tener como respaldo el orden y la legalidad. Los y las legisladoras locales, deben dejar el bloff, las posturas políticas facciosas y sus ya clásicos conflictos internos, para aprobar leyes que garanticen la estabilidad política del estado y convocar a los responsables de la seguridad a cumplir con su tarea. Para cuestionarlos, ya tendrán la oportunidad de hacerlo, cuando tengan que comparecer a estas alturas, en la Glosa del III Informe de Gobierno. Es decir, a mes y medio de haberse presentado el mismo. (JPA)

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