El comentario de hoy, jueves 9 de abril 2020

En una situación inédita, esta Semana Santa no será igual a las anteriores. Cada quien llevará su devoción y su fe, como Dios le dé a entender, pero cuidando su vida y las de los suyos. Los oficios religiosos han sido suspendidos al público. Histórica fue la bendición “Urbi et Orbi”, del Papa Francisco, ante una explanada de la Iglesia de San Pedro, totalmente vacía. Algo, dicen las crónicas, nunca visto.

Vernos en el espejo de otros países que han enterrado a miles de muertos, como China, Italia, España, Francia o los Estados Unidos; a poblaciones como Guayaquil, Ecuador, lacerada por la epidemia del Covid-19, nos ha llenado de dolor, pero también de lecciones que debemos aprender. No es fortuito el llamado de las autoridades de los tres órdenes de gobierno, de permanecer en casa. La sana distancia. Se trata de un virus letal, en toda la extensión de la palabra.

Esto no es un juego. Así deben tomarlo esos obstinados taxistas foráneos, que juegan con el sobrecupo. Y luego bloquean carreteras para evadir la acción de las autoridades. La lección va también para los comerciantes en la vía pública; para esos grupos que se han apropiado de los pasillos del Palacio de Gobierno; para aquellos que siguen creyendo en el chantaje como forma de suavizar a las autoridades. Serían muy torpes éstas, en seguir cayendo en el juego, cuando la prioridad es atender la salud.

Insistimos: no estamos preparados para una emergencia sanitaria mayor. Nuestra infraestructura hospitalaria, incluyendo los cuatro hospitales anunciados para recibir a eventuales pacientes, arrastran graves deficiencias. Es más, los hay que ni siquiera están terminados, como el de Juchitán, que según las autoridades se concluye esta semana. ¿Apatía o corrupción? Es un misterio. Pero ese tortuguismo burocrático nos dio de cara con una realidad cruda e inexorable.

El pánico o el terror en nada ayudan. Es necesario seguir al pie de la letra el llamado de las autoridades, que ha llegado incluso a los sitios más recónditos del estado. Decenas de comunidades han tomado ya sus propias providencias. Unas evitando el arribo de extraños, otras haciendo labores de limpieza y fumigación y otras, obligando a los paisanos que llegan del vecino país, a tomar una cuarentena, antes de tener contacto con sus familiares. Lo más importante es llevar la contingencia con responsabilidad. La solidaridad y la unión de los oaxaqueños, nos sacarán una vez más adelante. Hay gestos notables que nos hacen suponer la grandeza de nuestra gente. Como lo que hemos visto en algunos mercados, con la leyenda: “si tienes dona; si no, lleva”. Vienen tiempos difíciles, no sólo de salud, sino económicos. Saldremos adelante. (JPA)

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