El comentario de hoy, jueves 7 de febrero 2019

La inseguridad, es cierto, no es algo privativo de Oaxaca. Es un problema nacional. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump comparó a México con Afganistán, por el número de homicidios registrados en los últimos años. Es evidente que desde el inicio del gobierno de la llamada Cuarta Transformación, el número de víctimas tampoco ha decrecido. La violencia criminal pues, sigue ganando terreno.

Sin embargo, no obstante que las mediciones a nivel nacional, incluyendo la del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, nos sigan ubicando como una entidad en paz, los hechos demuestran lo contrario. De aquella entidad tranquila, apacible, cuya calma sólo era rota por hechos aislados, conflictos agrarios sangrientos o crímenes por incidencia delictiva, ni sus luces.

Datos aportados por la Fiscalía Estatal dan cuenta de que durante el mes de enero se registraron 81 homicidios, al menos 15 de ellos de mujeres. Ello implica que el número de feminicidios no ha disminuido. Y cada vez crece más, pues hay que tomar en cuenta que muchos de ellos quedaron sin resolverse en el pasado. Existe pues un directorio amplio de acciones criminales que no se han resuelto.

Decenas de organizaciones civiles han realizado marchas y protestas para denunciar la violencia de género. Han sido una especie de pregonero en el desierto: nadie las escucha. Menos en la Legislatura local, en donde de plano han fingido demencia respecto a este tema social tan lacerante. Se ha hecho mucho ruido, sin que exista de parte de quienes aprueban leyes, reciprocidad en relación a la importancia que tiene este asunto.

Nuestros legisladores y legisladoras, sin descalificar a priori, en torno al tema de los feminicidios han actuado con la misma torpeza que algunos de sus homólogos federales. Hace unos días trascendió que en las modificaciones al artículo respectivo de nuestra Constitución, habían aprobado no considerar graves algunos delitos como robos a casa habitación, desaparición forzada de personas y abuso sexual de menores.

La violencia criminal no se terminará con mesas de diálogo ni informes sesgados, sino con acciones de Estado que conlleven a salvaguardar la vida y el patrimonio de los gobernados. En tanto no se instrumenten operativos de prevención y disuasión en la comisión de delitos, poco se podrá avanzar. La conseja popular admite que a grandes males, grandes remedios. Y en Oaxaca no somos ya el remanso de paz del pasado. Hay que entrarle al toro por los cuernos. (JPA)

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