El comentario de hoy, jueves 6 de septiembre, 2018:

Oaxaca tiene poco más de seiscientos kilómetros de litoral. La riqueza que se encuentra en esa franja del Pacífico Mexicano es muy grande. La pesca ribereña es una de las actividades que no es explotada de manera rentable. Es, para los gobiernos que van y que vienen, un rubro marginal. He ahí el porqué cooperativas y organizaciones de ciudadanos dedicados a esta actividad, buscan diversas maneras de salir del marasmo y asegurar su supervivencia. Y a veces de manera no intencional ni premeditada, provocar desastres ambientales.

La semana anterior, frente a las costas de Santa María Colotepec, fueron descubiertas muertas, más de 300 tortugas golfinas, de ésas que depositan sus huevos en las playas de Escobilla, San Agustinillo o Morro Ayuta. Las imágenes que circularon en las redes sociales eran impresionantes. Y sobre todo la paradoja: mientras el gobierno decretó desde hace mucho la protección de la tortuga y se hace todo un circo, maroma y teatro para la liberación de las crías, que van saliendo a la vida y al mar, otras causas generan la muerte de cientos de quelonios.

El hecho no puede ser calificado de otra manera, sino como un desastre ecológico, que las autoridades responsables: SEMARNAT, PROFEPA, CONAPESCA, PGR y otras locales, como SEMAEDESO o SEDAPA, deben investigar. Según expertos que consultamos no se trata de redes de barcos atuneros, que pescan dicha especie frente a nuestras costas, como se dijo al principio, sino de redes llamadas de enmalle o engalle, que pertenecen a cooperativas locales, las cuales fueron autorizadas por la CONAPESCA para atrapar especies marinas, de ninguna manera tortugas.

Una justificación es que las redes son movidas por las corrientes marinas y sus propietarios las pierden en un mar inmenso. El meollo del asunto es que una de ellas se convirtió en cementerio de más de 300 tortugas. Y alguien tiene que asumir la responsabilidad. Y es que no obstante la vigilancia y sanciones que imponen las dependencias al daño al medio ambiente y la salvaguarda de las especies protegidas, la depredación ecológica continúa.

Poco antes de esta infausta noticia, circuló en las redes sociales la foto de un delfín que yacía asfixiado en una playa de Oaxaca, luego de haberse tragado –presuntamente- un pañal desechable. No han faltado las ballenas que han quedado varadas y nuestros bosques constantemente arrasados. Botes y bolsas de plástico; latas de aluminio, residuos de combustibles, cerillos, etc., siguen haciendo estragos de lo único que aún tenemos para sobrevivir. Nuestra tierra y el mar. (JPA)

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