El comentario de hoy, jueves 5 de julio de 2018

Oaxaca vive pues, a partir del pasado dos de julio, un nuevo escenario político que gobierno y sociedad debemos asimilar. Se terminaron las mayorías en el Congreso local y en los ayuntamientos. Aquella aplanadora priista que lo fue hace algún tiempo simplemente se extinguió. Los escenarios cambiaron y de manera radical. El nuestro será, a partir del primero de diciembre, un gobierno de oposición.

En la cúpula de las grandes decisiones gubernamentales, habrá que plantearse una nueva relación con el gobierno federal; con los nuevos actores que estarán en el candelero. Confío en la inteligencia y buen tino de nuestro ejecutivo estatal. Hay que ver el cambio en esta nueva correlación de fuerzas políticas con optimismo. Aprovechar el amor que dice López Obrador que tiene por Oaxaca. Ya vimos que con el presidente Enrique Peña Nieto, sólo fueron promesas. Ni siquiera las carreteras a la Costa y al Istmo se ha concluido.

Uno de los factores del atraso oaxaqueño ha sido la pésima coord¡nación con la Federación. Siempre hemos sido los patitos feos. Nuestros añejos e insuperables conflictos nos han sumergido en el fango. Nuestro atraso y rezago es congénito. Y han sido los malas administraciones estatales y la corrupción lo que nos ha puesto de rodillas.

Más que sus operadores políticos estrellas, el gobierno oaxaqueño habrá de requerir de operadores comprometidos con este proyecto gubernamental. En el gabinete hay quienes no han funcionado. Han dado mucho qué desear. Se entiende que hay compromisos, es cierto, pero algunos no han funcionado. Es poco ético mantenerlos. Porque el entorno que el ejecutivo tendrá a partir de octubre, cuando cambie la Legislatura, no será del todo la ideal. Podría ser un verdadero contrapeso.

Ante el generalizado bajo perfil de nuestros legisladores, federales y estatales, (no descalifico a nadie, sólo será prudente remitirnos a curriculum vitae y experiencia parlamentaria, de lo que se salvan pocos), no duden que pondrán trabas para todo. Los ajustes de cuentas y las venganzas política, pueden imponerse ante la relevancia de participar en la solución de los grandes problemas del estado.

Ahí es donde la relevancia de la sociedad civil cobra importancia. Ni ejecutivo ni legislativo podrán por sí mismos resolver el nudo de problemas que aquejan a los oaxaqueños. Será la participación de todo, unidos, solidarios, en completa comunión, lo que permita superar con creces, todo lo que nos aqueja y que como lastre maligno hemos ido arrastrando. Estoy convencido de que si a López Obrador le va bien, nos irá bien a todos. (JPA)

 

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