El comentario de hoy, jueves 4 de octubre de 2018

Desde nuestros años escolares aprendimos que no hay mejor antídoto para las enfermedades que prevenirlas. Las labores de prevención son un mecanismo necesario para atenuar los altos costos que implican curar y salvar la vida de los enfermos, lo cual es, sobre todo a los sectores más desprotegidos, responsabilidad del Estado, habida cuenta que la salud en un derecho constitucional, no un artificio legal.

Desde hace al menos un mes, el tema del dengue y su variante grave, el dengue hemorrágico, devino un asunto mediático. Según reportes y estadísticas de organismos de salud, el mal se ubica en diversas regiones del estado, incluso se han dado casos en los Valles Centrales. No es una novedad que cada año, en la temporada de lluvias, el mal se dispare.

Los primeros brotes, quejas y gritos de auxilio provinieron de Santiago Yaveo, distrito de Choapan. Ahí se reportaron al menos tres muertes por dengue hemorrágico y decenas de enfermos más. Pero no es el único municipio. Han ido saliendo poco a poco más casos. Sería injusto señalar de responsabilidad u omisión a determinados funcionarios, como es el caso del titular de los Servicios de Salud en la entidad, Donato Casas. Debe ser motivo de esfuerzos concatenados e institucionales en el sector salud, para resolver o atender dicho mal.

Tampoco se puede seguir con el viejo cuento de que la crisis financiera y laboral que dejó la anterior administración a ésta, ha impedido la atención oportuna. La consigna desgastada de que el culpable es el de atrás, ya no cuaja en la conciencia colectiva de los oaxaqueños. Más en cuestiones tan delicadas como la salud. Eso no justifica, desde luego, que hoy el dengue se haya convertido en un serio asunto de sanidad pública.

Sin embargo, poco se ha reparado en algo. Y es la inexistencia de campañas de prevención que orienten a la población. En administraciones anteriores, en los diversos medios de comunicación electrónicos e impresos, se desplegaban campañas masivas sobre el qué hacer para evitar la incubación de larvas, con la consecuente proliferación del mosco que produce el dengue y otros males similares, como el sika.

Se recomendaba a la población destruir cacharros, evitar la acumulación de agua en trastes viejos, llantas usadas y otros. Es decir, se orientaba al ciudadano para evitar el mal a través de medidas de profilaxis. Es más, se anunciaban urgentes medidas para quienes empezaban con los síntomas de la enfermedad. Nada se ha hecho al respecto, estando ya avanzada la temporada de lluvias. Y ello es responsabilidad de las autoridades. De nadie más. (JPA)

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