El comentario de hoy, jueves 4 de abril, 2019

Varias voces coinciden en que desde el 2006, a raíz del conflicto político-social que padecimos, la economía de la capital no se ha levantado. Han pasado trece años y hay quienes insisten, sin sustento alguno, en revivir dicha asonada. Uno de los sectores más afectados fue el comercio en el Centro Histórico. Hay que ver hoy mismo el corazón de la ciudad convertido en rehén del comercio en la vía pública; en coto de grupos indígenas que hacen gala de medidas cautelares y hasta de indigentes.

Es notorio que un día se abren nuevos negocios, con las expectativas de quienes los abren de hacerlos rentables. Al poco tiempo, con las esperanzas rotas, son cerrados. Ya poca gente acude al Centro, tal vez sólo el turismo que nos visita en temporadas. Pero el espectáculo es deprimente. Los pasos peatonales han sido invadidos por la venta de un catálogo de mercancías, muchas de las cuales no son productos locales, sino hasta de manufactura extranjera.

Las quejas son constantes y también los llamados a las autoridades, a fin de que se adopten medidas para regular el comercio en la vía pública o la reubicación de quienes se dedican al mismo. Pasa el tiempo y no ocurre nada. Tenemos encima el período vacacional de Semana Santa, pero no se advierten medidas emergentes para hacer la estancia de los visitantes del país y el extranjero, agradable y satisfactoria.

Los robos a negocios y transeúntes están a todo vapor. Los cristalazos a la orden del día. El robo de baterías y autopartes, no se diga. No sólo hay una pésima imagen del centro de nuestra capital, sino además, la inseguridad es una manchita más al tigre. Hay que convencer o negociar con aquellos grupos u organizaciones que se han apropiado de nuestros espacios comunes. Ya es coto de poder y negocio rentable de los líderes.

Pero todo mundo en encoge de hombros. Ni el comercio organizado ni las autoridades pueden remontar esta crisis. Al paso que vamos el Centro Histórico habrá de quedar sólo como un lugar emblemático, parte anecdótica, un ícono de este Patrimonio Cultural de la Humanidad, parte de lo que bien podemos llamar patrimonio perdido por la abulia, la apatía y el desinterés oficial.

La ciudad de Oaxaca, calificada como una de las ciudades más bellas del mundo por Travel&Leisure y otras publicaciones, puede ser en el futuro cercano sólo un membrete, de no tomarse las medidas pertinentes y enérgicas. Y ahí todos somos corresponsables. Sociedad civil, gobierno y los organismos que aglutinan tanto a los empresarios como al comercio informal. (JPA)

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