El comentario de hoy, jueves 3 de enero 2019

La semana pasada el Congreso de la Unión aprobó el Presupuesto de Egresos de la Federación, el llamado PEF para 2019. Como ha sido ya común en los últimos años de calificar el presupuesto asignado a Oaxaca, como histórico, este año nuestra entidad recibirá 108 mil millones de pesos, un 5 por ciento más de lo que recibió en 2018.

No tardará en que echemos las campanas al vuelo para festejar dicho incremento, más bien simbólico, para un estado con tantas carencias y necesidades. Lo grave de todo es que igual que festinamos el presupuesto histórico, también deploramos que continuemos en los mismos estándares de pobreza y rezago. Dicho presupuesto pues, pareciera ser sólo un señuelo para sorprender incautos.

Por su parte, el Congreso del Estado aprobó por unanimidad –algo inédito en estos tiempos- es decir, con el voto de los 42 diputados y diputadas, el Presupuesto para 2019, por arriba de los 69 mil millones de pesos. Dado que las malas costumbres se mimetizan, nuestros representantes populares también se aprobaron para sí un incremento, respecto al ejercicio anterior. Lo dicho pues: se sirven con la cuchara grande y lo peor, jamás rinden cuentas.

Y es que tal parece que en ese poder, la transparencia, la rendición de cuentas y el fin de la opacidad pasan de noche. Podrá hablarse de abatir la corrupción, de la sobada Cuarta Transformación y demás, pero por abajo lo que cuentan son las complicidades, la turbiedad, las prácticas amañadas. Ese estigma vienen arrastrando nuestras legislaturas, desde hace al menos tres o cuatro períodos. Aprobar iniciativas de espaldas a la sociedad o de manera subrepticia; los pagos discrecionales o el infalible “pago por evento”. Perdón por mi pesimismo, pero soy un escéptico de que ahí las cosas cambien, por más discursos y loas al régimen de López Obrador.

Esperemos pues que los presupuestos que han autorizado el Congreso federal y el local, tengan el destino para el que han sido etiquetados y que sirvan en realidad para atender las prioridades más apremiantes de la entidad. Ya basta de simulación y verdades a medias; de inequidades y desequilibrios sociales.

Hay que atender con prioridad mientras se da la federalización del sistema de salud, dicho rubro. Ya tenemos un primerísimo lugar nacional en muertes por hepatitis, por influenza y dengue. Es necesario instrumentar un programa social, que vaya más allá del simple sistema asistencial y paternalista. Que cada titular de las áreas cumpla con su responsabilidad. ¿O seguiremos este año con la misma cantaleta de que no hay recursos? (JPA)

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