El comentario de hoy, jueves 26 de julio de 2018

El próximo lunes 30 de julio terminan las fiestas de esta temporada y volveremos a nuestra realidad. Durante este tiempo, Oaxaca se vistió de fiesta, de folklore, de tradición. Una vez más hemos mostrado al mundo nuestra riqueza cultural excepcional, el reflejo de nuestra cultura milenaria, que se ha nutrido con las aportaciones de nuestros pueblos originarios, que hasta hoy no dejan de luchar por el reconocimiento a su cultura y tradición.

Desde 1932 cuando nació el Homenaje Racial, así conocido por su creadores, pasando por los llamados Lunes del Cerro, lo que hoy se conoce como Guelaguetza, fue y ha sido una fiesta del pueblo, no como ha querido difundir dolosamente la Sección 22: “un espectáculo elitista”. La muestra es que ellos también celebran la llamada Guelaguetza popular. Alguien le ha llamado también la fiesta de la hermandad, en la que conviven tacuates con mixtecos; zapotecos con mixes; costeños con vallistos. Al final del día todos tenemos un tronco común que se llama Oaxaca.

En el entorno de las fiestas de julio el visitante del país o el extranjero tuvo un rico abanico de opciones para convivir, disfrutar o relax personal. La Feria Gastronómica, el Festival de los Moles, la Feria Artesanal, además de decenas de comunidades que exhibieron sus productos y la creatividad de su gente. Los resabios de desorganización y novatez quedaron atrás frente a la enjundia de conocer lo que Oaxaca da y ha dado al mundo.

Miles y miles de familias de artesanos, transportistas, propietarios de hoteles y restaurantes, taxistas, etc., se recuperan en esta temporada de los tiempos de vacas flacas en el año. Eso no lo entienden aquellos que se empeñan en seguir torpedeando nuestra fiesta máxima; en continuar con esa deplorable labor depredadora de mostrar a Oaxaca como un remanso de anarquía e ingobernabilidad.

A todos ellos los mueve un móvil o político o económico. El pueblo oaxaqueño en general, estoy seguro de ello, habrá de aplaudir cualquier acción que permita restituir el orden y la gobernabilidad. Somos muchos más los que le apostamos al orden y la legalidad; a la gobernanza y el Estado de Derecho que unos cuantos que viven con la mano extendida esperando la dádiva gubernamental.

Para los problemas que se presentaron en este mes de julio, incluyendo la masacre de campesinos en Santa María Ecatepec, no queda más que la ley y la fuerza. Nada, absolutamente nada se habrá de resolver con posturas gubernamentales para administrar los problemas. En la medida en que el Estado muestre incapacidad o miedo, la sociedad quedará en una situación de penosa vulnerabilidad. (JPA)

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