El comentario de hoy, jueves 24 de enero 2019

Desde el año 2015, el Congreso del Estado aprobó reformas a la Constitución para tipificar los delitos de mal trato animal con penas corporales o pecuniarias. En los últimos años se han dado casos escalofriantes de sadismo en contra de perros, sin que los responsables reciban castigo. El más reciente: una mujer a bordo de su vehículo tirando la cuerda en la que llevaba arrastrando a su perro. Hace poco más de un año se dio un caso similar, éste de un taxi foráneo.

El mal trato a los animales es típico de sociedades atrasadas e ignorantes y de personas indolentes y pervertidas. Las leyes mexicanas otorgan ya derechos a los animales. No sólo de mascotas sino también de especies cuyo sacrificio contribuye a nuestra dieta cotidiana y a nuestros excesos de cárnicos. Reses y cerdos; equinos y aves, deben ser sacrificadas generando el menor sufrimiento. En rastros modernos, dichas especies prácticamente ni sienten cuando les sobreviene la muerte.

Hay, sin embargo, formas burdas y criminales con las que se maltrata sobre todo a perros. Propietarios –no podríamos decir amos- que los dejan sin comer, sin agua y a la intemperie con temperaturas extremas de calor o frío. Ante la imposibilidad de hablar, días y noches se escuchan aullidos lastimeros que erizan la piel e indignan. ¿Tiene sentido tener mascotas cuando no se les proporciona el cariño, los cuidados o la alimentación que requieren? Es absurdo tener animales sólo para hacerlos sufrir.

A raíz de la cruzada que han desplegado grupos y organizaciones que protegen a los animales, las autoridades han tomado consciencia. Lejos de sacrificar a los perros callejeros, es mejor darlos en adopción. Hay quienes llevan a cabo un verdadero apostolado para salvar a dichas especies. Piden a la sociedad tomar consciencia para poner trastes con agua para aquellos perros callejeros que caminan sin tener el vital líquido, aunque haya otros inconscientes que los arrojan a la basura.

En internet hemos visto escenas en verdad excepcionales de la lealtad de los perros no sólo hacia sus amos sino hacia otros de su misma especie. No hay justificación pues para lastimarlos o maltratarlos. La vida, sin duda alguna, siempre será mejor –en mi modesta opinión- teniendo al lado a los mejores amigos del hombre que sin ellos. Una sociedad siempre será más justa y equilibrada en donde los animales tengan también sus derechos garantizados para vivir y tener un trato humano. (JPA)

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