El comentario de hoy, jueves 20 de junio 2019

Escritores, historiadores y aficionados a escribir sobre nuestras costumbres y tradiciones, se refieren a menudo de que la celebración de los Lunes del Cerro, la ahora llamada Guelaguetza, se llevaba a cabo en el pasado casi de manera simultánea al festejo de la Virgen del Carmen, es decir, en el mes de julio.

Sin embargo, la conversión de una tradición en un vulgar negocio, ha hecho difundir la especie de un Tercer Lunes del Cerro. Es decir, si originalmente eran los dos últimos lunes de julio, la primera presentación y la octava, devino durante el gobierno de Ulises Ruiz, dos presentaciones cada lunes, matutina y vespertina. Ahora resulta que con el argumento de que es todo un éxito comercial, habrá que agregarle otro lunes más.

Es lo mismo que decir que, en virtud de que a ciertos santuarios del país arriban miles y miles de fieles cada año, llámese el de la Virgen de Guadalupe, San Juan de Los Lagos, Juquila o La Soledad, en ocasión de la celebración de estas imágenes tan veneradas, hay que inventarle fechas más para seguir recibiendo a los visitantes. O repetir a gusto la Feria de San Marcos en Aguascalientes, quitándole esencia y originalidad a eventos anuales.

El Lunes del Cerro, creado como Homenaje Racial en 1932 y hoy convertido en Guelaguetza, fue en sus orígenes un encuentro entre las regiones, los pueblos y los grupos étnicos de Oaxaca, no un negocio de mercachifles. Tampoco nació para el disfrute exclusivo del turismo nacional o extranjero. Que en efecto es un espectáculo único en su género en el país, de ello no hay duda. Pero ello dista mucho de llevarlo a los terrenos sinuosos del marketing para chotearlo.

Habría que escuchar la opinión del llamado Comité de Autenticidad –hoy bajo el fuego de protestas- o de los escritores costumbristas que le han apostado siempre a la originalidad y a la esencia de una tradición. En mi modesta opinión y habiendo tantas críticas a la burda comercialización de dicho evento, sería un error insistir en encontrarle a La Guelaguetza, sólo el perfil comercial.

Nada tan peligroso como pretender imponer un criterio y trastocar lo que se ha mantenido al menos por 87 años. Si bien es cierto que el evento atrae a miles y miles de espectadores, ello no se contrapone con restituirle un poco de su identidad original: un encuentro solidario entre los pueblos y comunidades de las regiones y los grupos étnicos que habitan en el estado. Eso es lo que los organizadores no deben perder de vista jamás. (JPA)

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