El comentario de hoy, jueves 16 de abril 2020

Uno de los sectores sociales más susceptibles al contagio del COVID-19, son los adultos mayores. Pero hay un sector más vulnerable aún: médicos, enfermeras, camilleros, personal de intendencia, administrativos y otros, que laboran en los hospitales. En el país se han registrado no sólo contagios masivos, sino incluso muertes. El IMSS recoció 381 infectados y siete muertes. Extrañamente, no obstante, sus protestas y peticiones, éstas han sido ignoradas. Todavía más, se han desestimado y minimizado.

A lo largo de la contingencia, hay acciones en verdad dignas de encomio. Médicos que han optado por el aislamiento voluntario, para evitar contagios en familia. Enfermeras que han adquirido sus equipos de protección de su bolsillo. Otras que se han contagiado y reposan en sus casas. Unas más, que duermen en sus vehículos. ¿Cómo poder atender a los pacientes reales o eventuales, sin los elementos que le permitan su propia protección?

Aquí en Oaxaca, las protestas y reclamos no han sido menos. Hay hospitales y centros de salud que carecen de lo elemental. Los trabajadores no tienen ni material ni equipo para cumplir con su trabajo. La crisis económica en el sector sanitario, ha sido la constante en lo que lleva la actual administración. Esas carencias han afectado también al sector federal descentralizado, como el IMSS y el ISSSTE.

Una mala política emprendida por la Federación, en el sobado combate a la corrupción, ha vulnerado la salud de los mexicanos. Además de todo este entorno de carencias, aun así, el personal médico ha ido estigmatizado tanto por ciudadanos ignorantes como por autoridades municipales omisas e irresponsables, como es el caso del Hospital Rural de Villa Alta y otros más.

Médicos y enfermeras luchan –presumo- en tres frentes: 1) Cumplir con su responsabilidad y ética profesional y atender al paciente por encima de todo; 2) Con la omisión de las autoridades federales y estatales que les niegan los elementos necesarios para hacer su trabajo con diligencia y profesionalismo y, 3) Con la indolencia, ignorancia y torpeza de ciudadanos que los culpan de todos los males y los estigmatizan, ante la apatía y complicidad de autoridades locales.

Por los números que nos aportan en el Sector Salud, todo indica que, en nuestro estado, los coletazos de la pandemia no nos han fustigado duramente aún. Ello no implica que estemos a salvo. Debemos tener pues, lo que sugería el filósofo vasco, Fernando Savater: “Coraje para vivir; generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir”. Por lo pronto, vaya mi modesto reconocimiento para médicos, enfermeras y personal de la salud. (JPA)

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