El comentario de hoy, jueves 14 de marzo 2019

Desde hace años se ha detectado una brutal contaminación en los Ríos Atoyac y Salado. Pero ninguno de los tres órdenes de gobierno ha movido un dedo para evitarla. Luego de las tormentas de hace dos años, la Comisión Nacional del Agua, procedió al desazolve al menos del primer afluente, pero ello no acabó con la polución en su escaso caudal.

El pésimo funcionamiento de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales ubicada en San Juan Bautista La Raya, que en su momento requirió de una inversión millonaria, ha contribuido a dicha contaminación. Recién se había estrenado, una tormenta incrementó el caudal del Atoyac y se llevó una parte de las instalaciones quedando hoy como un elefante blanco. Expertos sobre el tema, afirman que funciona si acaso al 25% de su capacidad.

¿Entonces, a dónde van a dar las aguas residuales? ¿Dónde más, si no es que al Río Atoyac o al Salado? El tema de las plantas de tratamiento en todo el estado, es un asunto tenebroso, porque puede mostrar muchas aristas de corrupción. Un buen ejercicio periodístico sería saber en realidad cuántas de las existentes en todo el estado, funcionan. Les puedo asegurar que la mayor parte son puros elefantes blancos.

Sin embargo, además de la contaminación, el Atoyac muestra otras vertientes que lo hacen un tema complejo, sin visos de solución en el corto plazo. En efecto, desde hace años se ha dado una invasión silenciosa e impune. ¿Quién otorgó la propiedad a sindicatos y organizaciones del transporte, que en los últimos días se han enfrascado en batallas mortales por la disputa de los predios? Se presume que son terrenos nacionales y que la Federación los puede recuperar por la ley o por la fuerza.

Pero todos los escurren al bulto. Hay organizaciones civiles que han logrado amparos a favor de su rescate y saneamiento, pero en tanto no haya voluntad política y recursos, es caso perdido. Una pregunta ociosa sería por ejemplo: en caso de que las autoridades que proteger o salvaguardan el medio ambiente, clausuraran las descargas que van a los ríos, ¿a dónde llevaría dichas aguas negras? Las obras de drenaje y alcantarillado son urgentes y necesarias, al igual que la reactivación o reparación de las plantas de tratamiento.

Pero al ver la lentitud con las que avanzan las de SAPAO, que tantas molestias han ocasionado en colonias populares y aún con vecinos del Centro de la ciudad, ya podemos resignarnos a seguir como estamos. De veras no se vale que en el futuro incierto para las generaciones que vienen detrás, sólo tengamos que dejarles una infame podredumbre y polución. (JPA)

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