El comentario de hoy, jueves 13 de septiembre 2018

 

El año 2017 fue especialmente trágico para Oaxaca. Sequías, inundaciones, sismos y hasta heladas. Hubo otros factores: miseria presupuestal en el gobierno, rezago económico, adeudos, falta de circulante y otros problemas más. El sismo de 8.2 grados en la Escala de Richter que devastó Juchitán de Zaragoza, Asunción Ixtaltepec y decenas de comunidades istmeñas, esa trágica noche del 7 de septiembre, pareció ser el corolario de nuestra mayor desgracia.

Ese mismo día se había escrito otro capítulo de nuestra historia de tragedias: la atropellada visita del presidente de la República, Enrique Peña Nieto al Centro de Convenciones, que fue boicoteada por el magisterio y grupos afines. Es más, jamás se supo quién fue el autor de haber perforado el fuselaje del helicóptero del Estado Mayor Presidencial, con un petardo.

No amanecíamos aún el ocho de septiembre, cuando caravanas humanitarias de la Cruz Roja y decenas de organismos altruistas se encaminaban hacia el Istmo de Tehuantepec. Las Fuerzas Armadas estaban ya en las labores de rescate y remoción de escombros. El pueblo mexicano, con su histórica solidaridad, se volcó en dicha región. Universidades, organismos empresariales, agrupaciones de istmeños, paisanos radicados fuera de la región y del país, etc., apoyaron en la emergencia, en tanto la ayuda oficial fluía en un mar de confusión y de competencias.

Lamentablemente otro sismo, el del 19 de septiembre, hizo virar la atención hacia otras entidades afectadas por dicho siniestro, el cual se presentó justamente, en la misma fecha que aquel trágico movimiento telúrico de 1985, que devastó la Ciudad de México. La atención se volcó en los estados del centro del país y la propia capital. Los istmeños quedaron a su suerte.

El pasado viernes se conmemoró el primer año. Los medios impresos y electrónicos han dado cuenta que la reconstrucción no ha avanzado como se esperaba y que miles de damnificados siguen esperando el anhelado apoyo oficial. Sin embargo, la información fluye de manera contradictoria. Los datos no coinciden en torno al avance. No hay hasta el momento un informe preciso del destino de los recursos tanto del Fondo Nacional para Desastres Naturales (FONDEN) como de los préstamos que hizo el gobierno estatal para hacer frente a la emergencia.

Para salir de este marasmo de confusión, ¿no sería prudente dar un informe con los pormenores de los avances y el gasto, para terminar con las especulaciones mediáticas? ¿No es prudente en estos tiempos de cruzadas en contra de la corrupción, de transparencia y rendición de cuentas, darle a conocer al pueblo de Oaxaca, cómo vamos y qué falta por hacer? (JPA)

 

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