El comentario de hoy, jueves 13 de junio 2019

En el lejano 1932, ese grupo reducido de oaxaqueños que creó el Homenaje Racial, que luego sería Lunes del Cerro y finalmente La Guelaguetza, jamás se imaginó que dicho encuentro entre las regiones y pueblos de Oaxaca, se habría de convertir 87 años después, en un gran negocio especulativo, ganancia de unos cuantos, al amparo de una tradición.

Nuestra máxima fiesta folklórica, como ha sido calificada, no sólo ha sido rehén de grupos y gremios, particularmente del magisterio afiliado a la Sección 22, que cada año esgrime amenazas de boicot, sino ahora se sabe, de mercaderes internos y externos que, ante la popularidad que ha adquirido, lo han convertido en un boyante negocio.

Ha sido, además, escenario de protestas e inconformidades. Los clásicos bailes cedieron lugar a mayordomías, bodas, bautizos. Participan unos, mientras otros son segregados. Nuevos bailes, nuevos enfoques. Más mestizos y españoles que indígenas. Poca autenticidad y reducida originalidad.

Por cerca de 75 años, y con las mutaciones habidas, la Guelaguetza se celebró los dos últimos lunes del mes de julio. En el gobierno de Ulises Ruiz, la tradición sufrió modificaciones. Se pusieron de moda las dos emisiones, matutina y vespertina en cada lunes. Además, desapareció del escenario de los festejos de julio el llamado Bani Stui Gulal y prevaleció “Donají, la leyenda”.

El actual gobierno también le impuso su sello característico: por primera vez en la historia, el palco “C”, que siempre fue gratuito para el disfrute del espectáculo por aquellos que no tenían para pagar la onerosa entrada, se puso también a la venta. Una bofetada a nuestra gente, que desde la madrugada atiborraba las gradas para ubicar un lugar.

Los medios de comunicación también han sido acotados. La venta y la especulación; la reventa y el negocio, han ido ganando terreno, haciendo de esta nuestra tradición, una operación de mercachifles. Lo importante es que dichas maniobras ya han sido puestas al descubierto y los organismos de fiscalización y control deben hacer su trabajo. Al pueblo pan y circo, dice una viejo refrán. Lo que ocurre es que el circo se ha vuelto demasiado oneroso. Y los responsables deben rendir cuentas por ello. Hace falta más de un mes y según informes oficiales se ha agotado la venta de los boletos para las cuatro presentaciones. Ahora ya sabemos por qué se agotaron tan pronto. (JPA)

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