AMLO: Poder y religión

Hace unos días, el jueves 27 de junio, los diarios nacionales dieron a conocer que el presidente de México Andrés Manuel López Obrador invitó a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas y Evangélicas (Confraternice) a distribuir su Cartilla Moral.

El presidente López Obrador no sólo ha recurrido a las congregaciones evangélicas para su política moralizante, también lo ha hecho con las católicas e incluso con algunas grandes logias masónicas del rito escocés.

Sin olvidarnos de la discusión que el tema propició por el carácter laico del Estado mexicano, destacaremos que el presidente se apoye en las organizaciones religiosas para distribuir su Cartilla Moral y no sea sólo mediante la movilización de las bases de MORENA, lo cual pareciera contradecir el interés de que su partido sea el actor preponderante en la sociedad civil.

Un factor común en las experiencias latinoamericanas de gobiernos progresistas es que recurrieron a alianzas con otros partidos políticos o a la creación de amplios frentes nacionales; MORENA en cambio, se mantuvo distante de las organizaciones gremiales o los movimientos sociales, y sus alianzas políticas se hicieron con partidos pequeños que no podían disputarle el poder después del triunfo electoral.

Un aspecto importante de MORENA es que el partido mismo opera como un frente nacional. El problema que se le plantea a un partido de ese tipo, con principios políticos de tan amplio espectro, es que cualquier intento de construir un proyecto de nación implica el riesgo de una ruptura interna. MORENA integra en su seno tanto a la izquierda de tintes radicales como a la derecha ultraconservadora. Cualquier iniciativa política que afecte a un polo provoca la respuesta del polo opuesto.

Esta debilidad interna de MORENA se resuelve con las presiones externas que la unifican o bien con decisiones presentadas por el presidente como derivadas del “pueblo”, de esta manera se silencia a las personalidades que operan en el partido del presidente López Obrador y se impone el pacto de no llevar las discusiones internas de ese partido hacia fuera.

Quizás lo anterior explique porqué el presidente de México recurra para la distribución de su Cartilla Moral a las organizaciones religiosas, ya que de esta manera no se propicia una discusión interna, ni las protestas de dirigentes izquierdistas de MORENA.

Pero lo anterior no resuelve el problema, porque en algunos estados como Baja California Sur, los agremiados a Confraternice declararon que no promoverán la Cartilla Moral de AMLO porque se sienten traicionados por un gobierno que apoya los matrimonios homosexuales.

Las negativas y las críticas no sólo vienen del ámbito religioso, el filósofo Enrique Dussel ha sometido a la Cartilla Moral de Alfonso Reyes a un minucioso análisis crítico y propone una Cartilla Ética de contenido diferente, entre otros, uno que considere a los pueblos indígenas.

La postura de Dussel de cara a las iniciativas éticas del presidente López Obrador recuerda el pacto de Lázaro Cárdenas con el Instituto Lingüístico de Verano (ILV), que fue denunciado a finales de los setentas por antropólogos y etnólogos mexicanos como un instrumento del gobierno para anular la matriz cultural de los pueblos indígenas e introducir los valores de occidente. No hay que olvidar que Dussel es un destacado representante de lo que se conoce como teología de la liberación.

El asunto es muy complejo y pone de manifiesto el contraste entre la movilización masiva por la moralización del pueblo, no de las élites, y la pasividad del gobierno ante los urgentes cambios estructurales de naturaleza antineoliberal.

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